Persiguiendo el ‘flow’

¿Verdad que hay momentos en los que estamos tan concentrados en lo que hacemos que perdimos la noción de tiempo?

Es ese estado en el que fluimos, avanzamos sin esfuerzo y nos sentimos profundamente satisfechos. A este fenómeno, el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi lo llamó flow.

Csikszentmihalyi dedicó años a estudiar por qué algunas experiencias resultan tan gratificantes. Para ello pidió a cientos de personas que registraran, varias veces al día, qué estaban haciendo y cómo se sentían. Al analizar miles de estos registros, observó un patrón claro: nos sentimos más felices cuando estamos por completo absorbidos en una actividad que:

  • tiene un objetivo claro
  • requiere concentración absoluta
  • ofrece feedback inmediato
  • es difícil, pero, al mismo tiempo, resulta asumible

Cuando estas condiciones se dan, entramos en flow.

Escaladores, escritores, músicos, o cualquier persona inmersa en un proyecto creativo lo reconocen fácilmente: son horas que pasan en minutos.

El flow en el contexto profesional

El trabajo de oficina tradicional rara vez favorece el flow. Las interrupciones, la fragmentación de tareas y la falta de visión global dificultan ese estado de inmersión profunda.

Sin embargo, Csikszentmihalyi descubrió que los procesos pueden diseñarse para fomentarlo: cuando entendemos todo sistema en su conjunto, recibimos feedback inmediato y podemos concentrarnos sin interrupciones, el trabajo se vuelve más significativo y satisfactorio.

Quizá no podamos vivir todo el día en ese estado, pero sí podemos diseñar más oportunidades y espacios para alcanzarlo.

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