En 2006, un grupo de investigadores de la Universidad de Washington, dirigido por Will Felps, realizó un experimento que cambiaría para siempre la forma en que entendemos la dinámica de los equipos. Su objetivo era medir el impacto que puede tener una sola persona con actitud negativa en el rendimiento del grupo. Los resultados fueron sorprendentes: y es que ¡una sola bad apple (manzana podrida) puede reducir el rendimiento de un equipo entre 30 % y 40 %!
El experimento
El equipo de psicólogos formó 40 grupos de trabajo con cuatro o cinco personas e introdujeron en algunos de ellos a personas entrenadas para interpretar tres tipos de comportamientos tóxicos:
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El pesimista (the pessimist): se queja constantemente de las tareas y duda de que el grupo pueda lograr sus objetivos.
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El imbécil (the jerk): critica las ideas de los demás sin ofrecer alternativas y se presenta como el experto.
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El vago (the slacker): muestra apatía, responde con me da igual o no me importa y apenas contribuye.
Lo más interesante fue observar cómo la negatividad se contagiaba. Las personas que trabajaban con la manzana infiltrada empezaban a:
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Imitar su actitud negativa.
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Gastar energía en gestionar conflictos.
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Reducir su participación.
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Perder motivación.
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Comunicarse con menos eficacia.
En palabras de los investigadores, el mal comportamiento se propaga como un virus.
Algunos remedios
El estudio confirma algo que muchos sabemos: una sola persona puede elevar o hundir el ánimo de todo un equipo. Por eso, el papel del liderazgo es clave. Estas son algunas estrategias para prevenir y responder adecuadamente ante este tipo de situaciones:
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Seleccionar bien desde el principio. La prevención empieza en el proceso de selección: busca actitudes colaborativas y optimistas, no solo talento técnico.
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Intervenir pronto. Si notas un patrón de negatividad, coméntalo cuanto antes con la persona.
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Darle la vuelta. Si alguien tiende a criticar, conviértelo en abogado del diablo (devil’s advocate) y dale un rol más constructivo: Ayúdanos a pensar en los riesgos y alternativas.
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Fomentar una cultura de responsabilidad compartida. Cuando el equipo se acostumbra a ofrecer soluciones y apoyarse mutuamente, la negatividad tiene menos espacio para crecer.
Crear una cultura sana lleva tiempo y requiere constancia, pero ignorar una actitud tóxica puede tener repercusiones terriblemente negativas. Así que invierte tiempo y esfuerzo en prevenir actitudes tóxicas, actúa con rapidez y protege la energía y la moral de tu equipo.